Hacía mucho tiempo que quería escribir este post, pero la acumulación de trabajo tanto en la oficina como en casa me han impedido hacerlo, así que ahora que tengo un hueco me pongo a ello.
No voy a decir eso de "conocí a mi abuelo cuando..." porque nunca le conocí realmente y nunca tuve una conversación mínimamente interesante con él. De hecho yo era demasiado pequeño como para haber podido entender algo y cuando pude hacerlo ya no quería, porqué demostró a través de los demás cómo era y entonces ya no le aceptaba. Sólo recuerdo que era grande y fuerte como un roble y que ni la abuela ni nadie nunca se atrevía a llevarle la contraria. Entonces está claro que comenzaré por dónde recuerdo.
Cada verano visitábamos a mis abuelos en su pueblo de la castilla profunda, mi madre se quedaba en la casa, mi padre se escaqueaba a otro pueblo iba a pescar y mi hermana y yo nos pasábamos el día en bicicleta dando vueltas por el pueblo, ajenos a todo el resto. No voy a contar mucho más porque no lo recuerdo, sólo sé que mi abuelo estaba enfadado con medio pueblo y la gente nos decía mucho "con los majos que sois vosotros y vuestros padres y el abuelo que tenéis...". Pero no entendíamos el porqué.
Hubo un día en especial que mis padres y mis tíos me recuerdan de vez en cuando. Yo era muy pequeño, de unos cuatro años y estaba haciendo montoncitos de arena en el corral sin molestar a nada ni a nadie. Entonces llegó mi abuelo y me pegó un broncazo tremendo por tocarle su arena del corral, tan pronto se giró cogí la primera piedra que pillé y se la tiré. Fallé el tiro y él ni se dió cuenta, pero todos los presentes se rieron y empezaron a contarlo por el pueblo. Según parece la gente me daba la razón.
Cuando tenía doce años dejamos de ir, mis padres nunca me han querido contar porqué pero estaba claro que había habido alguna discusión fuerte por medio, como mínimo...
A mis catorce mis abuelos vinieron a visitarnos y se quedaron en nuestra casa unos días. Hubo fuertes discusiones de las que apenas me acuerdo ya que las tenía que escuchar a través de la puerta, pero cuando se fueron mis padres me lo resumieron:
Resulta que mi abuelo les dio dinero para la entrada del piso y con la excusa de que ya lo gestionaba él enredó a mis padres y lo puso a su nombre. Como legalmente el piso era suyo reclamaba poder ir allí siempre que quisiera sin pedir permiso. Por mi parte yo todavía era muy joven y no tuve la iniciativa, los conocimientos, la experiencia o la valentía de hacer "una de las mías", así que mis padres decidieron irse del piso y marcharse a otra parte.
Después supe que podían haber reclamado judicialmente o simplemente cambiar la llaves y no abrirlos y que se buscaran la vida. De hecho mi tío movió sus contactos y amigos abogados le dijeron que mis padres tenían todas las de ganar, ya que estaba demostrado que vivían ellos y que habían ido pagando las cuotas de la hipoteca. Incluso directamente podían denunciar al abuelo por estafa. Cuando supe de este hecho y les pregunté no contestaron, pero sin mi madre presente mi padre me dijo que no quería enfrentar a mi madre con su padre.
Estuvimos bastante tiempo en paz sin saber nada de él, pero un día mi tía nos contó que en el pueblo y ante nuestros antiguos vecinos echaba pestes de todos nosotros llamándonos ladrones, estafadores y cosas similares. Por esta época ya no me ordenaban irme a mi habitación cuando hablaban de estas cosas y me enteré de todo, por lo que mi odio hacia él creció exponencialmente.
El encuentro más tenso entre ambos vino en una cena de navidad en casa de mi tía. Yo justo había pegado el estirón con 17 años, en apenas un año había pasado de 1'59 a 1'81 y estaba muy confiado de mí mismo, me creía fuerte, maduro y esas cosas. Estaba allí toda la família cuando picó a la puerta alguien que NO estaba invitado. Pasó por la puerta como si fuera el dueño, mientras mi abuela iba detrás cabizbaja como pidiendo perdón. Nadie se atrevió a decirle nada.
Mi madre rompió a llorar mientras se levantaba para irse. Mi padre la acompañó enseguida y mi hermana tardó poco, yo me quedé sentado desafiándole con la mirada. Al pasar al lado mi abuelo dijo "¿no me dais un beso o qué?". Mi madre contestó un "no le perdono lo que ha hecho", mi padre preferió callar. Me llamaron para irme y lo hice muy poco a poco y con chulería. El abuelo volvió a meterse dónde no le llamaban: "deja al chico que se quede si quiere", entonces saltó mi hermana: "si se quiere quedar es para saludarte de la manera que te mereces, cabrón".
Todos se quedaron de piedra al ver los "ovarios" de mi hermana, ya que nunca nadie se atrevía a decirle nada similar. Entonces él levantó la mano amenazante con la intención de pegarle asustarle pero no esperé e intervine, le pegué un puñetazo con toda mi mala leche de pleno en la mandíbula con la intención de tumbarlo de un sólo golpe, pero él apenas giró la cara y yo sentía la mano como si hubiera golpeado un yunque. Volvió a levantar la mano para arrearme pero le volví a golpear con mi mano maltrecha, esta vez en toda la nariz. Esta vez no era un yunque pero sí una piedra de granito, y al menos conseguí que diera un paso atrás. Cuando me disponía a continuar me coguieron entre mi padre y mi primo y me llevaron fuera.
Lo que más me ha extrañado siempre es que nunca nadie me echó en cara lo que hice, ni siquiera mi madre, y eso que tuve la mano enyesada dos semanas. Una vez mi primo me dijo que durante un momento dudó si cogerme o ayudarme, pero el viejo nos habría ganado a los dos, y no le quito razón, la verdad.
No supe de él hasta que unos años más tarde recibimos una llamada de mi tía. Estaba ingresado en el hospital. Mis padres fueron a visitarlo y al volver nos dijeron que le quedaban dos semanas de vida y que quería vernos por última vez. Mi hermana rechazó la oferta, yo dije textualmente"dile que iré al entierro para asegurarme que esté bién muerto". Sé que le llegó el mensaje pero no através de mi padre sino de mi primo ( algún día le dedicaré un post, menudo personaje... ). Al final todo resultó ser falsa alarma y duró unos cuantos años más.
En esos años estuvo en una residencia, recibió alguna que otra visita de mi madre y me iba enterando de las que montaba por allí. Tuvieron que separarlo de su mujer porque la pegaba e incluso una vez lo tuvieron que reducir entre varios enfermeros (dicen que unos 6) y ponerle cuatro inyecciones para tranquilizarle, cuando lo normal en que con una caigan. Seguro que exageraban, pero parte de razón había seguro.
Finalmente sucedió lo que yo tanto deseaba, falleció. Mi madre hizo todo lo posible para que yo y mi hermana fuésemos al entierro, lo consiguió con ella, pero no conmigo. Incluso me echó en cara lo que dije cuando estaba ingresado en el hospital, pero simplemente contesté que si me lo confirmaba mi primo me bastaba.
Entonces, y sólo entonces, mi madre me empezó a hablar poco a poco de mi abuelo. Decía que era muy primitivo y cabezón, creía en la ley del más fuerte y no dudaba en pegar a quién llevase la contraria. También me contaba historias de lo fuerte que era, que ganó concursos de levantamiento de piedras y que ni siquiera los tábanos le podían picar ya que tenía la piel más grusa que su aguijón Nota: Tábano: bicho muy común del pueblo, más grande que una abeja y que se alimenta de sangre como un mosquito, más en la wikipedia.
También comentó una vez que una parte de mi carácter es suya. Exactamente la parte de "a mí no me pasa nadie por encima", pero que al ser más listo he sabido utilizarlo en mi provecho y saber cuándo parar.
Este año, en la festividad de todos los santos me ha dado por acordarme de él, deben de cumplirse unos diez años desde que falleció y quizás me hubiese gustado conocerlo yo mismo y no que me lo contasen los demás. Creo que hubiese podido hacerle ver por la razón que estaba equivocado, que el que siembra vientos recoge tempestades y sobretodo me hubiese gustado mirarle a la cara y preguntarle "¿Porqué?¿Naciste así?¿Fue la guerra civil?Dímelo"
Aprovechando que tenía unas horas libres cogí el coche y me escapé al cementerio. Compré unas flores a la ladrona vendedora (qué caras son, leches) mientras pensaba que hubiese sido mejor traer una rama de olivo, por aquello de que simboliza la paz. Me perdí unas cuantas veces hasta que encontré su tumba y deposité las flores, me marché sin decir ni hace nada más.
Quizás lo hice para demostrarle un poco más de respeto del que él mostró a mi familia, a lo mejor mi subconciente no podía soportar que al final mi hermana y mi padre fueran al entierro y se comportaran mejor que yo, puede que en realidad sea un pequeño agradecimiento por una parte de mi carácter que me ha sido muy ventajosa en la vida. No sé...
La verdad es que no se lo merecía, y aunque no sé porqué, lo hice.
2 comentarios:
Una historia cuanto menos impresionante. Es curioso la imagen positiva que se suele tener de los abuelos, aunque ni tú ni yo podemos decir lo mismo. Yo tb tengo una abuela a la que le faltan las mechas para ser Cruella de Vil.
me sumo a parisina, impresionante. en mi familia tambien son de armas tomar, o pa echarlos de comer aparte, más bien. conozco esa mezcla extraña de sentimientos.
ciao
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