Hace tres semanas el médico especialista detectó que mi hijo sufría de inflamación de las vegetaciones (o carnots). Están en el conducto que une la oreja con la nariz estando muy cerca de las amígdalas. La inflamación provoca que se acumulen los mocos en el conducto creando problemas de oído, respiración y ronquidos entre otros.
El médico dijo que era necesario operar pero que apenas duraba 10 minutos y que por la tarde lo tendríamos en casa. Estábamos impacientes esperando la operación, que tocaba esta semana, cuándo me llamaron el lunes pasado diciéndome que la podían adelantar al día siguiente porque un niño había causado baja. Acepté sin pensármelo mucho e informé a mi mujer.
La bronca que me dio fue de espanto, ya que ella no estaba aquí, sino en Madrid en una convención de la empresa que duraría hasta el viernes por la mañana. Por más que intenté convencerla de que yo me ocupaba de todo, que la operación era sencilla y que cuanto antes mejor no hubo manera de tranquilizarla, tanto que hasta nombró el hecho de escaparse para estar presente.
Al día siguiente llevé al peque al hospital y poco antes de que se lo llevaran vino a echarme una mano mi cuñada, aunque yo todo chulo creía que no sería necesario. Me había informado por internet y todo el mundo hablaba de la operación era muy rápida, que al niño se le notaba mejoría el mismo día y que por la tarde ya estaba en casa corriendo.
Lo que no dicen es lo que pasa cuando te lo devuelven: el pobre no paraba de toser, llorar y vomitar coágulos de sangre y todo eso sin llegar a despertarse todavía. Poco a poco se fue despertando pero no hubo manera de tranquilizarle, ni con el chupete, ni juguetes, ni siquiera con un globo de Rayo McQueen que siempre que lo veía nos lo pedía.
Al cabo de dos horas se tranquilizó un poco y se pudo dormir aunque todavía hacía gemidos, cuando se despertó ya estaba mejor y después de tomarse un flan nos pudimos marchar. Una vez ya en casa empezó a hacer de las suyas y todo parecía ir bien. Pero no podía salir hasta el cabo de tres días y el pobre ya no sabía como pedirme para salir a dar una vuelta, se ponía cada vez más tonto y había que estar encima de él todo el rato.
Estábamos los dos destrozados y cansados de estar tanto tiempo en casa cuando al fin llegó el día en que podríamos salir. Cuando nos estábamos preparando apareció por la puerta mi mujer y mi hijo conectó el modo velocidad absurda y se marchó como un cohete a saludarla. Después de muchos besos salimos todos fuera y fuimos al parque.
Normalmente corría unos cinco minutos y descansaba un rato. Esta vez estuvo casi una hora sin parar de correr y sin eschucharle respirar ahogadamente como hacía antes. Mi mujer y yo nos miramos y sonreímos. Ha sido duro pero ha merecido la pena.
4 comentarios:
Pobrecillo, tenía mamitis. Bueno, me alegro de que esté mejor, no tiene que ser muy agradable...
Me alegro de que todo haya salido bien!
Por cierto, ha surgido un movimiento de bloggers contra la subida del IVA, no es nada político sino para quejarse de una medida injusta.
Como se que no te gustan las injusticias te animo a escribir un post sobre el tema ;)
Yo ya lo he publicado, puedes coger la imagen y todo lo que quieras:
http://holorred.blogspot.com/2010/03/bloggers-contra-la-subida-del-iva.html
Pues si ser novio ya es duro para mi no me quiero imaginar cómo será ser marido.
En cuanto a lo de ser padre ya ni me lo planteo porque me dan escalofríos...
Pero genial que todo saliese bien. Ay estos peques !
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